Enteramente

El perro me ladró estruendosamente, la vibración de su ladrido penetró en mis tímpanos como el chillido que, en su justa frecuencia, rompe un cristal. Me dirigí a el perro: «Eres un sabueso malo y tu actitud ha sido francamente deleznable», le dije. El perro pareció comprenderme.

Me dirigí hacia el puerto, cocineros ambulantes estaban haciendo tortitas y alfajores en hornillos de camping gas. No les rodeaba ninguna estructura, ninguna parada propiamente dicha, que sería lo típico en estos casos. No, ellos estaban solos frente al hornillo, como un viejo vagabundo con su armónica.

Yo puse mis ojos en el puesto de perritos calientes, donde Juan me esperaba con mirada ansiosa. Rápidamente, sacó una salchicha bratwurst de la olla alargada incrustada en la encimera, que parecía custodiar nitrógeno líquido. Me la preparó en un platito de plástico con una rebanada de pan blandengue, le puso mayonesa y una cucharadita de pasta de pescado. Esa pasta de pescado la tenía solo para mí, porqué sabía que me gustaba. Era curioso pensar que cuando yo muriese, ya no habría pasta de pescado en esa parada, me hacía sentir importante.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

DANIEL BONET 2021 // BONET.ONE