Oda.

Belleza, nostalgia. Tener la oportunidad de sentir aquello que estoy sintiendo yo ahora mismo. Oigo mis propios pasos, firmes y determinados, sobre las firmes y determinadas aceras de la ciudad. Me sobreviene la abrumadora disonancia de saber que no pierdo el contacto con el suelo y que aun así estoy flotando; como un tren bala suspendido en el tiempo, sobre los recuerdos del que fue mi país, mi patria.

Mis pensamientos son puntos dispersos constituyendo una asíntota, esforzándose siempre para llegar al puerto de mar de la capital de mi país, la Vieja Zelanda.

Oh, ¡mi Vieja Zelanda! Ese mareo; el mal del mar y de las carreteras, que de ti me separan y aquí me trajeron. Respiro en esta ciudad calurosa el aire de los Monegros, y en ti sigo pensando.

Mi queridísima patria, hija y madre de la voluntad, perfección incestuosa.

Eras tierra de peregrinaje de los doctores en pretensiones vanas. Fuiste olvidada por ellos cuando vieron que como Jano tenías dos caras, pero sigues en mi recuerdo.

Estimada nueva Atlántida; digna, poderosa e imperturbable, derogaste la ley de la gravedad. Tú te hundiste en las tinieblas de la inconsistencia; y yo me quedé sin billete de vuelta.

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DANIEL BONET 2021 // BONET.ONE