Teleología

No sé qué es lo que movía a aquella chica a desnaturalizarse continuamente.

Yo formaba parte del personal de mantenimiento, abría la puerta delantera y me ponía a recoger y arrinconar la hojarasca de los pinos. Este tipo de trabajo es monótono y yo pasaba el rato observando a padres y niños.

Me aterrorizaba la idea de que esos padres hubieran sido niños antes, en su niñez y, sobre todo, la idea de que los niños fueran a convertirse rápidamente en adultos. Cada paso que daban los unos y los otros era como añadir ingredientes a la receta del desastre; la caída en la inconsistencia era inevitable y no sabía cómo avisarles.

La chica. La chica se deshacía al ir a la escuela, simplemente se hidrolizaba, por los nervios que le causaba la incipiente acción de las jerarquías de patio. Todos los sensores y brújulas se le volvían locos al acercarse a la institución educativa, para ella se trataba de un Triángulo de las Bermudas. Era mi trabajo imaginar cómo sería esa chica de mayor, pero no lograba concebirlo. La misma entropía que la paralizaba podría convertirla en cualquier cosa; desde una bailarina nocturna hasta la directora ejecutiva de una importante empresa multinacional de alimentación canina.

Lo peor es que ahora, recordando esto, ya ha pasado todo; esa chica del futuro se ha materializado y está ahora mismo pervirtiendo el espacio-tiempo; quizás engañando a quienes la rodean, que poco sospechan que aún hay partes de su mente deterioradas por priones. En todo caso, lo que me preocupa realmente es que su experiencia sea universalizable.

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DANIEL BONET 2021 // BONET.ONE