Perfector.

Los caminos de tierra se mostraban sumisos, eran empujados por las ruedas del Jeep que los dos habitábamos. La brisa del movimiento disipaba el calor desértico; era un calor seco y un calor cálido, como cuando los rayos del Sol te queman la superficie de la piel en invierno.

No íbamos a ninguna parte… pese a estar viajando, ya estabamos en nuestro destino.
Todo lo que podía pasar; los suspiros, sonrisas, sollozos, sorpresas, sufrimientos… todo estaba en manos del Perfeccionador.

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DANIEL BONET 2021 // BONET.ONE